La Reconstrucción

La Cuarta Revolución. José Luis Tarazona

Las sociedades humanas han sufrido grandes cambios a lo largo de sus al menos doce mil años de existencia: económicos, políticos, culturales… pero hasta ahora, en tan solo en tres ocasiones, su existencia ha cambiado de rumbo: El nacimiento de las ciudades, el paso del Feudalismo a la Edad moderna y la Revolución Industrial. Vivimos momentos trágicos y a la vez emocionantes, pues al igual que en la edad media, estamos ante un cambio de paradigma.

Una nueva sociedad/economía/sistema surge con fuerza con la Revolución Tecnológica y el viejo orden Industrial (con el petróleo como su máximo representante), al igual que el feudalismo en su día, agoniza. Se resistirá a morir pero perecerá, porque no puede dar respuesta al mundo que viene. La inteligencia y el control de la información están en el lado de las tecnológicas… el dinero también. La nueva sociedad nada tendrá que ver con la que conocemos, como nada tenía que ver la humanidad de la Edad Moderna con la Feudal. El covid-19 es el pistoletazo de salida, haya sido provocado o aprovechado para dar la puntilla al viejo orden. Sólo hay que leer las pequeñas noticias que van surgiendo en segunda plana.

El primer signo de la decadencia de este sistema es el freno que el mismo supone para el desarrollo humano. La ciencia en siglos pasados tenía grandes dificultades para avanzar por la falta de base científica, sólo el nacimiento de tanto en tanto de genios como Newton o Galileo conseguían, al más puro estilo quijotesco, que se diera un gran paso con el que abrir nuevos campos de conocimiento. Hoy, en demasiadas ocasiones, nuestra tecnología y progreso no avanza por algo tan banal como un papelito llamado dinero. Sin ese freno hoy mismo tendríamos colonias en la Luna y quizás en Marte, buena parte de las enfermedades raras estarían erradicadas, podríamos obtener los recursos minerales del cinturón de asteroides sin tener que malograr nuestra maltratada Tierra…

El segundo signo es el claro empobrecimiento, incluso en los llamados países desarrollados, de la mayor parte de la población. El sistema se está devorando a sí mismo, y al igual que sucede cuando un cuerpo comienza a consumirse, ese camino nos lleva a la muerte. La superpoblación humana, los recursos limitados del plantea, la autodestrucción social y de nuestro medio ambiente nos lleva al borde del abismo como especie. La solución solo puede venir de esta Cuarta Revolución, que supondrá una transición a un nuevo modelo que poco tendrá que ver con el actual.

La IA (Inteligencia Artificial), combinada con la robótica ya es una realidad y serán muy palpables en menos de una década. Provocarán que el trabajo como fuerza bruta, que tan magníficamente nos mostró Chaplin en Tiempos modernos, desaparezca. No puede más que sorprenderme, que aquellos que implantaron el austericidio en la crisis de 2008, defensores de la “ortodoxia” económica, estén aceptando sin tapujos la renta mínima, políticas expansivas, el aumento del gasto… Ellos ya han aceptado el cambio, pero a diferencia de principios del siglo XX, en la transición al Nuevo Orden no quieren que una masa desocupada, hambrienta y furibunda nos lleve como entonces, a nueva Guerra Mundial. Sería el fin de la civilización y una vuelta a la casilla de salida. En el futuro, el grueso del trabajo lo harán los robots y las IA, el ser humano exclusivamente realizará tareas creativas: artísticas, científicas, tecnológicas, filosóficas o artesanales.

La medicina llevará la esperanza de vida a límites insospechados y casi con seguridad vencerá a la vejez en pocas décadas, sino antes. Podéis imaginar que este sistema o cualquier otro anterior probado no soportará ni será capaz de gestionarlo. Iremos al espacio para dar salida a una población cada vez más joven y con mayor esperanza de vida y para sobrevivir en las estrellas no hay otro camino que ir como especie, como humanos, sin banderas, sin fronteras, sin grandes diferencias… ¿No os resulta curioso que a raíz del covid-19 se hable un sistema médico global?

El transporte será, con la robótica y la medicina, la tercera gran pata de esta revolución tecnológica. Se nos habla del teletrabajo, del fin del turismo de masas, del consumo de proximidad, de lo mucho que ha agravado la polución el impacto del covid, de las bondades de viajar en bicicleta, como las impresoras 3D evitarán buena parte del transporte de mercancías… el futuro será eléctrico y pronto veremos como la forma de movernos en las ciudades o entre ellas cambiará radicalmente.

Y por último, el cuarto pilar será una vuelta al humanismo y a la reconciliación con la naturaleza. El nuevo poder que surge es muy consciente que de otro modo no hay futuro. Vemos como sus grandes gurús, a pesar de sus cuentas bancarias, tienen una vida sencilla, no se les ve con grandes ostentaciones de lujo. Estos días, los medios de comunicación nos hablan de cómo que hemos de aprender a vivir con menos cosas superfluas, lo importante de poner en valor lo que realmente es importante: las personas y no las cosas. Vemos imágenes que a todos nos maravillan y aplaudimos: La naturaleza recuperando el terreno perdido. La lucha contra el cambio climático, la defensa de la naturaleza, su apuesta por el gran cambio alimentario y que ya se está produciendo con el crecimiento imparable de vegetarianismo, es también parte del Nuevo Orden.

Las tecnológicas han ganado la batalla. El camino no estará exento de dolor, pero creo que la transformación será rápida y el mundo que vendrá será mucho mejor. La humanidad será más consciente y amable con su entorno y de ella misma. El trabajo será más placentero, pues será creativo que es lo que de verdad nos llena a nivel espiritual, nuestras vidas serán más largas, más vitales y con seguridad volveremos a ver un segundo Renacimiento de la cultura humana en todas sus facetas.

 

José Luis Tarazona

Escritor y licenciado en Químicas por la Universidad de Valencia