La Reconstrucción

DE HÉROES Y DE CAÍDOS. Jesús García Amezcua

“Cuando hayas de atacar, hazlo al instante: cualquier indecisión es una pérdida de posibilidades” (Al Sayrafi, historiador granadino, S. XII).

La fragilidad del ser humano se demuestra día a día, pero a la vez su fortaleza. El mundo sigue su curso en una historia que poco atañe al ser humano, o quizá le atañe tanto que le está diciendo que sobra en esta Tierra tan dañada por él.

Dejando a un lado las consignas políticas, las teorías de la conspiración, la mano de Dios o su ausencia, lo cierto es que somos gobernados. Nuestros políticos deben exigirnos una determinada conducta ante esta situación(la pandemia por COVID-19), con toda la fuerza y contundencia posibles, eso por descontado, pero nosotros, como pueblo, debemos exigir una altura política y de preparación profesional a los dirigentes y mandos intermedios, que no dejan de ser políticos en segundo plano, la mayoría de las veces adscritos al partido político de turno.

Quizá sea el momento de reflexionar sobre esto: ¿Por qué tenemos los gerifaltes que tenemos, por qué tenemos esas luchas políticas intestinas y vacuas que no nos llevan a ningún lugar, o tan sólo al pedernal del estancamiento y del descuido del desarrollo de la sociedad y del individuo? Los políticos nos funden a impuestos para mantener su status quo, un stablishment que se caracteriza por la inmovilidad por incomparecencia intelectual. Claro, no se les puede pedir lo que no saben hacer: Gobernar, en su significado de guiar y de dirigir, no en el de controlar y administrar (administrar sin una meta es un agujero, administrar sin conocer y/o pensar en quien se gobierna es un atentado al individuo) únicamente.

El inmovilismo nos ha hecho perder unos días preciosos ante esta guerra en nuestro país, veíamos lo que estaba pasando en Asia ¿tan soberbios hemos sido que no pensábamos que el virus llegaría aquí? Lo hemos visto en Italia ¿tan dioses nos hemos creído para mínimamente pensar que ellos lo merecían y nosotros no?

Ahora nos piden que seamos héroes, nos alientan con cancioncitas sentimentaloides y nos animan a hacer rutinas (el control siempre quiere “rutinarnos”), pero no explican la humildad del Héroe, su catarsis, de cómo se rebela ante lo preestablecido y, casi siempre, cae en el intento.

Los héroes en esta guerra son las personas que día tras día se levantan para ir a una trinchera que no les ha llamado, a la que le obligan a ir, cuando el golpe ya se ha dado y ellos son un sparring involuntario. Nuestros gobernantes no golpearon antes, no programaron el acopio de productos para los test de prevención, las mascarillas, los guantes, los geles, los medicamentos, la investigación de la vacuna, los protocolos obligatorios en las residencias de ancianos, … y así hasta una lista de despropósitos que, irónicamente, podría ocupar el tan valorado rollo de papel higiénico.

Es necesaria esa catarsis, ese decir ¡Basta ya! Ante esta troupe de políticos y dirigentes inválidos, pero para eso debemos hacer autocrítica, cada uno, sobre sí mismo, de cómo hemos llegado a permitir que estos personajes estén en el poder o pretendiendo el poder, de cómo hemos dado de lado a las personas válidas y por qué hemos ensalzado a los mediocres. Nosotros, los ciudadanos, el pueblo, somos los culpables que se nos olvide, de que, con todas las posibilidades del mundo, ese que una vez nos abrió sus brazos, no avancemos y probablemente nos autodestruyamos.

Ya no hay marcha atrás, porque los caídos, y los que caerán, no se podrán levantar. Podrían haber sido menos y podríamos haber levantado la voz mucho antes, pero nosotros estábamos también escondidos.

Hay una luz, sí, la hay, que pasa por nosotros mismos, por nuestra reflexión (ahora tenemos tiempo), para crear un futuro y, después, para hacerla colectiva y global. Falta, que queramos ser Héroes.

Jesús García Amezcua

Escritor, director de teatro.

Librepensador

19 de Marzo de 2020